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16 enero 2021

LAS HOCES DEL RÍO OJOS DE MOYA (III)

DE LA FUENTE DE LA GOTA AL PIE DE LOS CASTELLARES

 
El deterioro de la acequia es más que evidente. 

Seguimos encontrando restos de la vieja canalización para el riego


El guía Hugo me insta pacientemente a que deje de hacer tantas fotos y me acerque hasta la edificación del fondo, la casa de Marcos.



Me invita a entrar en la vieja vivienda. Nótese que la fachada se ha enfoscado con cemento no hace muchos años. Tal vez fue obra de N. Lorente, el actual propietario de las huertas. Esta vivienda está construida aprovechando un gran abrigo bajo la pared rocosa, de tal manera que parte de sus estancias están bajo ella. 


Posteriormente, dentro de una cueva adjunta a la vivienda, Hugo nos muestra un pequeño aljibe lleno de agua. Se trata de la Fuente de la Gota, llamada así porque el agua cae, goteando, desde el techo de roca hasta el suelo. 

Antaño bebíamos sus aguas en los cálidos días del verano. Hoy se encuentra en pésimas condiciones. Recomiendo no beberlas.




 Pequeños restos de cerramientos con piedras nos indican que los que aquí habitaban aprovechaban cualquier oquedad sobre las paredes de roca. Unas para guarecer a sus animales domésticos, otras para la producción de miel. 

Foto: Restos de un horno 

Foto: antiguo huerto 

El tamaño de estos pinos y sabinas nos dan una idea del tiempo que ha transcurrido desde que las huertas se abandonaron. 


Foto: Esparraguera 

El esparrago silvestre, Asparagus acutifolius, también llamado triguero, se da en toda la península. Gusta de tierras soleadas y no es exigente en cuanto a su riqueza nutricional, si bien prefiere tierras sueltas o arenosas. 

A lo largo de Las Hoces podemos encontrarlo a pocos metros del cauce del río, en su margen derecha (más soleada). Las poblaciones más abundantes las encontramos desde el comienzo de La Huerta del tío Boletes hasta la senda que baja desde Los Castellares hasta el río. 

Es planta perenne, de color verde obscuro mate, traída por los romanos hasta la península Ibérica. La parte comestible la constituyen los brotes jóvenes, llamados turiones, los cuales hay que cortar por su base, lo más cerca del suelo. De esta manera, pronto saldrán nuevos brotes para ser aprovechados.


Foto: espárragos trigueros

El espárrago silvestre se diferencia del agrícola, Asparagus officinalis, en sus hojas y en sus frutos y semillas. Mientras que en el silvestre las hojas (falsas hojas, ya que en realidad son tallos modificados) presentan pequeñas acículas rígidas y punzantes, en el espárrago agrícola o común se muestran en aspecto muy ramificado y de tacto suave, formando penachos. Los frutos del triguero son, en su madurez, de color negro; mientras que en el común o agrícola son de color rojo y de mayor tamaño. En ambos casos guardan en su interior entre 3 y 6 semillas de color negro. Sus raíces, llamadas garras, son rizomas de las que afloran durante la primavera varias yemas que, al emerger a la superficie, forman los turiones (parte tierna y carnosa comestible -espárrago-). 

Los espárragos silvestres son ligeramente amargos, por lo que es aconsejable dejarlos en agua durante 24 horas antes de consumirlos. 


Foto: Sabina Negral 

La sabina negral, Juniperus phoenicea, sin ser un árbol de ribera, cuenta con algunos especímenes a lo largo del recorrido. Sin embargo, es muy abundante por toda la zona superior de las rocas, incluso podemos encontrar ejemplares en las paredes verticales. Es un arbusto, de hoja perenne, que apenas alcanza los dos metros de altura, aunque puede adoptar porte arbóreo si las condiciones le son muy favorables. 

Se da en toda la vertiente mediterránea, en suelos pobres y rocosos. Es de crecimiento muy lento. 

Por la zona de La Manchuela y Serranía Baja no se encuentran buenos ejemplares debido a que sus vástagos se utilizaron en gran escala como tutores en las plantaciones de viñedos, debido a su larga duración sin pudrirse. En la actualidad es una planta protegida. 


Foto: Sabina en roca viva

Aquí vemos un ejemplar retorciéndose en plena pared rocosa 


Foto: Cornicabra 

La Cornicabra, Pistacia terebinthus, es un arbusto mayor que puede llegar a los 10 metros, bien como tal o en forma arbórea. Su nombre común es debido a las agallas que suelen desarrollarse en sus hojas y que adoptan forma de cuerno de cabra. El primer ejemplar lo encontramos frente al Molino de Fermín, siendo muy abundantes desde el azud para el riego de las huertas de Las Hoces hasta el puente de Hoya Hermoso, donde se encuentran unos buenos ejemplares en la linde sur de la viña ubicada en la parcela 29 del polígono 28 (39º 42’ 26” N; 1º 28’ 34” W), poco antes del puente sobre el río. 


Foto: Cornicabra al final del barranco de Los Castellares

       

Bajo las paredes de Los Castellares, al final de la última parcela de la huerta, se encuentra este ejemplar de Pistacia terebinthus. 

Durante todo el trayecto podemos contemplar rodales de este arbusto que, en esta época, presenta sus pequeños frutos de color rojo alternando con las agallas amarillas en forma, a veces, de cuerno de cabra (de ahí su nombre común).

Foto: Cornicabra sobre roca viva

Podemos encontrarla en tierras fértiles o en la mismísima roca 

Las semillas de la Cornicabra son duras y de unos 4 mm. Son aprovechadas por las aves y algún pequeño mamífero. Sin embargo, desde hace unas décadas, su importancia se ha disparado en el sector agrícola

Podemos considerar a la Cornicabra como la abuela de los pistachos que compramos en el super. En los viveros se obtienen plantas a partir de sus semillas. Dichas plantas son, a su debido tiempo, injertadas con variedades de pistacheros agrícolas y comestibles... 

Una vez más la flora silvestre nos regala material para nuestro desarrollo y alimentación. 


Foto: agallas de cornicabra

Foto: Pulgones dentro de una agalla de cornicabra

Las agallas de Pistacia terebinthus son una respuesta física, y de defensa, de la planta a un estímulo químico producido por el picado del pulgón penpibhus cornicularis sobre sus hojas. Inmediatamente después de picotear la hoja se produce la puesta de huevos. La respuesta de Pistacia terebinthus no se hace esperar y comienza a desarrollar esa hoja, de tal manera que los huevos del pulgón queden atrapados en una especie de cuerno hueco, la agalla, donde se desarrollarán. La planta los alimenta enviando savia a la agalla. El daño causado a la planta es insignificante si lo comparamos con el beneficio que recibe, ya que, según algunos autores, las agallas sirven, por su llamativo colorido, para atraer insectos polinizadores de las flores de Pistacia terebinthus. También los hay que opinan que el olor desprendido por dichas agallas, ahuyenta a los pájaros... La cosa no está resuelta


Foto: Esparteras 

El esparto, Stipa tenacissima, es una planta perenne, de tallos similares al junco, pero más delgados y más resistentes. Crece en terrenos áridos, secos y muy calizos por toda la parte mediterránea de la península Ibérica. Las esparteras, de no más de 60 cm de altura, son conocidas vulgarmente como atochas, y sus espigas florales como atochinas

En nuestra ruta no es muy abundante, pero encontramos un buen espartal al final de La Huerta del tío Boletes, bajo las paredes de Los Castellares. Probablemente están aquí debido al cultivo que hace años le dedicaron las gentes de este lugar para su aprovechamiento particular.

El esparto, hoy en desuso, ha sido uno de los materiales más importantes en el desarrollo de las civilizaciones mediterráneas. Entre otras se utilizó para: fabricación de sogas para navíos (ya en tiempos de los fenicios), para cestería y utensilios agrícolas: espuertas, capazos, serones, albardas, bozales, cinchas, vencejos... Para utensilios del hogar: esteras y baleos (los felpudos de hoy), alfombras, sillas, forros para garrafas de vidrio, calzado, estropajos, abanadores, figuras decorativas... Los pastores lo utilizaron, entre otras muchas cosas, para fabricar sus hondas y los mandiles para impedir que los machos cubriesen a las hembras. 

Pleita

Aunque quedan pocos artesanos del esparto,

todavía hoy se utiliza la pleita para el curado de quesos. 

Las principales producciones de esparto se daban en Cartago Nova, la actual Cartagena. Plinio el Viejo se refirió a un enorme campo de esparto de más 6.500 Km2, como CAMPUS SPARTARIUS, en esta comarca. Desde todas las civilizaciones mediterráneas viajaban hasta Cartago Nova para adquirir grandes cantidades de esparto al por mayor. César ordenó que se trajese esparto de Hispania para equipar las naves. 

Fue el esparto, junto a la piedra y la madera, el principal material en la vida cotidiana del hombre mediterráneo desde más de 20.000 años A. de C. hasta 1970, en que fue brutalmente desplazado con la llegada de los plásticos (polipropileno, polietileno, ABS, caucho sintético...), que propiciaron la fabricación de todo tipo de utensilios y enseres de forma industrial. 

Importante destacar que ya en el siglo XIX se reguló su extracción y aprovechamiento mediante las Reales Ordenes de 26 de mayo de 1864 y 6 de julio de 1887, fijando los plazos permisivos de arranque e impidiéndolo fuera de dichos plazos. Así se leía en el preámbulo de esta última Orden Real “Considerando que las múltiples aplicaciones del esparto han acrecentado extraordinariamente su valor y que, dado el desarrollo de las industrias, es de esperar que alcance en lo sucesivo aún mayor precio”. 

El 5 de abril de 1940, el gobierno de Franco declaró el esparto de interés nacional. Todo, desde las matas a pie de monte hasta su manipulación y venta, era controlado por el Servicio Nacional del Esparto para evitar el estraperlo. Sólo los que estaban autorizados podían explotarlo.  

Ciudades como Hellín, Cieza o Águilas prosperaron gracias a las fábricas de procesado del esparto. 

En la mayoría de las localidades rurales existían artesanos dedicados a la realización de enseres de esparto: Esparteros, y Pleiteros..  

Para saber más sobre la importancia que tuvo esta humilde planta pincha aquí


Foto: Pino Carrasco 

El pino Carrasco, Pinus Halepensis, es el típico pino de las laderas mediterráneas más pobres. Aguanta la sequía y la falta de nutrientes durante largas temporadas. Podemos encontrar ejemplares que emergen de las mismas rocas. En los lugares en los que hace años se produjeron devastadores incendios, podemos observar su rápida propagación. 

Su madera no es muy apreciada ya que los troncos se presentan poco uniformes, con grandes ramas o nudos desde sus partes inferiores. Sin embargo, es un árbol que contiene la erosión y favorece el asentamiento de otras especies como romero, coscoja, espliego, enebro, etc


Foto: acueducto, acequia 

Este pequeño acueducto salva el vallejo situado a la ladera este de Los Castellares. Por esta ladera discurría una senda, de sinuoso recorrido, desde la barraca, previa al yacimiento ibérico, hasta el río. 

En este punto termina el recorrido del agua de riego.


Foto: Coscoja

La coscoja, Quercus coccifera, es un arbusto de no más de 3 metros de altura, de hoja perenne. Se da en toda el área mediterránea, en terrenos de caliza, pobres y soleados, formando pequeños bosque totalmente impenetrables. Su fruto es una bellota muy amarga. Forestalmente se utiliza para repoblar en zonas erosionadas o semidesérticas. 


Foto: el río entre carrizales

El río, el murmullo de sus aguas, sus orillas... La enorme vegetación que, a veces, lo oculta... Esas sargas centenarias cuyos troncos se retuercen sobre el agua...


Foto: sargas  

La sarga gris, Salix eleagenos, es un arbusto que puede alcanzar, porte arbóreo de hasta 20 metros de altura.

Durante todo el cauce del Ojos de Moya podemos encontrar varias especies de sargas justo en sus orillas, a veces dentro del propio cauce. Son árboles muy amigos del agua, por lo que no los encontraremos en terrenos secos. 

En la ribera del Ojos de Moya se dan, princpalmente, la sarga gris, Salix eleagnos, y la sarga blanca, Salix triandra. Esta última, también conocida como sargatilla blanca o mimbrera, muestra porte arbustivo, con varios pies desde su base. Antaño era aprovechada, como el esparto, para la elaboración de cestería y diversos útiles agrícolas, siendo sus principales explotadores la comunidad gitana, especialmente las mujeres. 

De pequeño alucinaba viendo cómo pelaban los tallos de un solo paso de mano. 

Hoy se ha perdido esta tradición y dichas sargas crecen descontroladas formando rodales de arbustos con varios pies de grosor arbóreo y de unos 6 metros de altura. 

La sarga gris es, sin embargo, todo un árbol que puede superar los 20 metros de altura. 

Los ejemplares de mayor envergadura los encontramos a la altura de las parcelas 669 y 670 del polígono 29 (margen derecha del río), aunque el ejemplar más visto y fotografiado es el situado bajo el puente de Hoya Hermoso. 


Foto: sarga tumbada 

A veces su gran porte no puede aguantar las embestidas de las avenidas del río, y caen. Pero es raro que mueran. De sus troncos y ramas caídas brotan rápidamente tallos verticales ávidos de vida. 



Foto: Sarga caída con nuevas ramas

Son las sargas los árboles que más ayudan a mitigar la fuerza de las aguas durante las grandes crecidas tras las tormentas, impidiendo, dentro de lo posible, el derrumbe y arrastre de los límites del cauce. 

Como anécdota, decir que el principal componente de la famosa aspirina, el ácido salicílico, se sintetizó, por primera vez, de la corteza de los troncos del género Salix, de ahí su nombre. 





Fotos: caliza erosionada  

El paso del tiempo y los agentes atmosféricos hacen mella en la roca caliza y la descomponen, generando estas estructuras extrañas, pero muy llamativas. Sobre estas imágenes, en lo alto de la roca, se ubica el yacimiento prerromano de Los Castellares 




Clica para ver más


Hasta aquí este maravilloso paseo entre flora, piedra y agua. Si te ha gustado, no dudes en comentar y compartir. 

¡NOS VEMOS EN LA MARGEN IZQUIERDA! 

Lectura recomendada

Maestros del esparto




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